Ella me gusta demasiado, no le temo a su bohemia.
Vive escupiendo fuego y, aún así, anhelo besarla todos los días.
A pesar de mi vértigo, aceptaría dar una vuelta en monociclo, abrazado a su cintura.
Pasar mil horas en el semáforo, pintarme la cara, hacer malabares con la vida, nada me da miedo. Ella me gusta demasiado.
Creo que me estoy enamorando,
eso si me asusta...