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martes, 11 de octubre de 2011

La segunda parte

Inevitablemente, todos tenemos un día para recordar por siempre. Entre ellos, se destacan por su esencia, los más tristes. Son estos los que, inevitablemente, tenemos para recordar por y para siempre; U olvidarlos, de la misma forma.
Jamás voy a sacarme de la cabeza aquella mañana en que me desayuné con su olvido, con su repertorio de traiciones y mentiras. Es un conjunto de fotos, una serie de tomas que definen la peor escena de mi vida, mi sueño más trunco.
En el amor, la norma respeta lo que sucede con las películas: Las catalogamos como ‘maravillosas’ cuando nos cuentan finales desgarradores, no cumplen con lo que esperábamos o cuando alguien se va para nunca más volver (no importa de qué forma lo hace).
Así, soñamos con que algún día se realice la secuela y finalmente, Jack no se hunda en el fondo del mar o no fusilen a Guido y, de una vez por todas, pueda reencontrarse con la bella Dora y el pequeño Josué.
Extraña manera de maravillarnos.

Bienvenidos, amantes de lo imperfecto. Caprichosos por naturaleza, bohemios de a ratitos, inseguros. Bienvenidos a esta, la segunda parte de mi recuerdo inolvidable.

Que preciosos eran esos desayunos en los que dormíamos al mismo tiempo que nos besábamos, despegando los ojos de a poco, de risas leves, caricias extremadamente suaves. De amores y mermelada, sueños de café con leche, medialunas, medios locos, completamente perdidos de amor.
Que preciosos resultábamos los dos jugando temprano a los besos escondidos de vergüenza, a los pequeños roces.

Calculo, que jamás voy a sacarme de la cabeza aquella mañana en que me desayuné con su olvido. Pero, ¿a ella? ¿Esa mañana le significará algo? Es lo más increíble de estos días: A pesar de que se trata de la misma fecha, la misma hora, el mismo cuarto… para los dos simboliza algo totalmente opuesto (aunque comparta el tinte de tristeza).

Para mí, será la fecha más triste. La mañana en que sus mentiras me mostraron mil verdades.
Para ella, será la fecha más triste. La mañana en que fue más infiel que nunca. No conmigo, sino consigo misma, que es peor.
Extraña manera de perdernos, extraña mañana.

Hasta acá vamos, amantes de lo imperfecto. No saquemos conclusiones acertadas, sino vamos a perder nuestra razón para leernos. ¿Acaso no nos leemos por imperfectos?

Hasta acá vamos, no sea cosa que lleguemos a buen puerto.

Comenzamos a compartir los últimos textos de este espacio, preparen la nostalgia, será maravilloso. No por sus letras, sino por lo inconcluso.
Como en las películas, este final será desgarrador e inolvidable. Sueño con eso.

Que nunca lo olviden y esperen ansiosos ese momento en el que,
de una vez por todas, se estrene la secuela y los pensamientos incorregibles,
revivan a Jack, a Guido y a nuestros tristes amores truncos.


Será allí cuando esos días, puedan tener su segunda parte.
(O su tercera, según como se quiera ver...)