Como han cambiado las cosas. Todos nos damos cuenta de que el tiempo pasa volando.
Una linda morocha se besa con un joven de contados granos en la cara. Todo sucede delante de mío, en los asientos enfrentados del tren.
Están enamoradísimos. Si pudieran ver los ojos de ella cada vez que sonríe quizás entenderían porque él pone esa cara de tonto cuando le agarra la mano.
Como han cambiado las cosas. Hace unos meses, posiblemente me hubiera muerto si estos dos se besaban frente a mí. Hoy los miro, se me escapa una sonrisa y dejo de mirarlos aunque sigo pendiente de lo que hacen, como todos.
Supongo que la mitad del vagón les tiene envidia y en ese preciso momento, repasan viejas historias, desamores y sueños partidos.
Como han cambiado las cosas. Yo también tuve contados granos en la cara y me parecía caminar por encima del mundo cuando ella me besaba. En todos lados, nos besábamos. Caminando, nos besábamos.
Ella.
Me hacía temblar la tierra. Solamente con saber que estaba cerca me cambiaba la cara, mis manos se inquietaban y se me aceleraban los latidos como si el corazón quisiera escaparse, lejos, para abrazarla.
Al parecer, existe una magia que es solamente ejecutable para los enamorados. Cuando uno ama a alguien, no sé como pero el aire se aliviana, el tiempo va despacio, el sonido menos perceptible se agudiza y aparece, ella. El viento le sienta divino al movimiento de su pelo, claramente en sintonía con el sol que la busca en cada reflejo. Patea unas piedritas que hacen un ruidito sereno, y el mundo para. Como si esa magia estuviera hecha para que todo vaya más lento. Las copas de los árboles juegan a no moverse y así, los enamorados, tienen un tiempo extra para mirarse un poquito más, para que el instante se haga eterno.
Ella.
Como han cambiado las cosas.
Esta semana la extrañé un poco menos.
Un amigo que anda con ciertos problemitas de corazón me pregunta como puede hacer para extrañar menos a su amor. Me callo, a veces digo poco, en mi silencio quizás esté la respuesta... pero es él quien debe encontrarla. Lo acompaño.
Si bien está claro que no existe un tiempo estimado para olvidar a alguien, los plazos los debe poner uno.
Extrañar es esa sensación que sentimos ante la ausencia de algo, de alguien. Cuando estamos con una persona sabemos, con absoluta certeza, que en algún momento dejará de estar a nuestro lado y así, comenzamos a extrañarla, a pesar de que todavía podamos tocarla, sentirla.
Aunque tengamos la extraordinaria capacidad para hacernos los desentendidos, todos sabemos cuando estamos perdiendo lentamente a la persona que está a nuestro lado. Mucho peor es que nunca hacemos nada para revertir esa situación. Cargamos las tintas sobre nuestra cabeza y nos autoconformamos con frases como ‘nos amamos mucho, jamás vamos a dejar de estar juntos’ o ‘es una crisis y nada más’.
Corazón que no vé, ojos que no sienten.
Creo que así esta frase es más precisa, casi sin margen de error.
Mientras nuestro corazón está medianamente bien, negamos absolutamente todo lo que nos pasa. A pesar de que la realidad es otra y lo que perciben nuestros ojos, sea innegable.
Supongo que de esa forma somos más felices. A veces, o tal vez siempre, la verdad es mucho más dolorosa que el cuento que nos inventamos. Entonces, le seguimos armando una historia a nuestro corazón sobre dos que se aman, nunca se pelean y otras mentiras piadosas.
Como han cambiado las cosas. Quizás yo nunca hice lo suficiente para que todo siga siendo lindo como antes. Pero, de todas formas, ella se había encaprichado en perderme, en reprochar cada defecto, en besar sin besar, en tirar todo al piso. Y ahí, en el piso, lo pisotea cualquiera.
Sería un necio si mis broncas fueran contra quien le dio un beso y me hizo perderla para siempre. Sería una necia si ella se enojase con quien ahora me abraza y me hace sentir mejor. Si han caminado sobre nuestro amor fue porque nosotros lo olvidamos en el suelo.
Como han cambiado las cosas.
Es martes, hace frío para remera. Como acostumbra cada año, la primavera nos saluda nublada. Es de esos días lindos pero tristes, parece como si las horas se esforzaran para ser 24 y al fin podamos descansar. Todos nos damos cuenta de que el tiempo pasa volando. Otra vez, es primavera.
Mientras una linda morocha se besa con un joven de contados granos en la cara, yo me subo al auto. No me importa gastar un tanque de nafta entero pensando. Así, manejando, pienso, pero no tanto. Quizás ahora es tiempo de hacer eso. Pensar y no pensar. Dar vueltas y pasear un poco más.
Hoy no les aviso que ‘volví’ porque supe que no me dejaron ir en toda la semana. Eso es bueno, saber que están conmigo. Saber que me prestaron una percha para colgar mi camisa, un sillón para cerrar los ojos y varios corazones para guardar los besos y abrazos que llevaba en mi valija.
Gracias por dejarme estar una semana más aquí. Me gusta esa linda mueca que estás poniendo ahora mientras estás leyendo, te queda muy bien. Vos también estás mejor… como han cambiado las cosas ¿no?