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martes, 31 de agosto de 2010

Invierno

Ella se apoyaba sobre la estufa del comedor.
Además de hermosa, era friolenta.
Así pasé los mejores inviernos de mi vida. Abrazado a ella, apoyados en la estufa.
Otra vez aparecen los recuerdos en mi cabeza.
Supongo que me va a pasar en todas las estaciones del año. Este es mi primer invierno solo.
Mi cama está más fría, el auto no se empaña tan rápido y ando siempre abrigado. Debe ser que me acostumbré a llevar una camperita de más para ponerla en sus hombros.
Además de hermosa, la amaba con locura.
El jueves pasado un amigo me contó que había leído ’23 canciones y 5 poemas’. Tímidamente se animó a decirme: “Todos tus textos están dedicados a ella, ¿no?”. “Sí, ¿tenías alguna duda?”, le respondí. Se calló. Reímos largos 5 segundos. Cambiamos de tema.
En realidad, todo le dedicaba a ella, a nuestro futuro, a las cosas que estaban por venir. Creo que nunca se daba cuenta.  
Descuidado, a veces necio, loco como suelo ser, atorrante, pero todo era para ella. Que se fue sin despedida, enojada conmigo por grandes errores que ella había cometido.
Hay personas que cuando hacen cagadas, solo tienden a enojarse con los demás. Parecen egoístas y hasta poco sentimentales. Pero por dentro sufren mucho. Saben, con demasiada certeza, que son de lo peor. Les llora el alma. No paran de cometer errores y lastiman a cualquiera que intente cuidarlos.
Invierno.
Pasan los días y paso de estar mal a sentirme raro. Muy sensible quizás. Más racional. O a veces, todo lo contrario. Duele.
Así le dedico textos. Mi amigo se dio cuenta al leer. Todos se dan cuenta. Está bien, no pasa nada. Es mi primer invierno. Espero que entiendan. Creo que entienden. Me cuidan, me quieren, comentan. Gracias.
Invierno.
Es el primero sin ella.
Me desnudó en pleno junio, hace frío. Me dejó sin reacción.
Además de hermosa, me traicionó. De un tiempo a esta parte es lo único que le valoro. Y me lo repito para no odiarla. A ella también se lo vivía diciendo, pero supongo que la mitad de las veces ni lo registraba. ‘Hola hermosa’, siempre la saludaba.
Calculando los días para saber cuanto falta para terminar con la fría estación, adelanté con la mirada el calendario del celular. Puse los ojos en el 21 de septiembre. Allí, ese día, dirá chau mi primer invierno sin ella. Al lado, en el mismo calendario, el 23 de septiembre está marcado: ‘5 Años con mi gordito’, dice. ‘Mi gordito’ soy yo, y ese recordatorio lo escribió ella hace algunos meses.
No lo borré. No me corresponde a mí.
No me dolió ver ese mensaje, pero quedó anotado en mi lista de cuentas pendientes.
A todos nos pasa que cuando queremos olvidar algo, más lo recordamos. Olvidar es un proceso natural que no debe ser forzado.
Pero no pude sacarla de mi cabeza. No en invierno. Trataré en la próxima estación, aunque reconozco que cuando llegue el 23 sonará el teléfono y voy a estar deseando que sea mi compañía de celular y no ese recordatorio que me anuncia que hace dos días ya es primavera y que todavía no la he olvidado.

Nothing's gonna change my world