Martes, 21.36, la noche se desarma adelante mío que, como siempre, llego impuntual a la cita. El punto de encuentro nos esperaba ansioso, nuestro regreso, otra vez los dos.
Aquel barcito de Avenida Libertador, semi oscuro, sobrio y elegante, sería el escenario de la obra más difícil en la que me tocó actuar. Sería una nueva toma en la película, que hace unos meses, había terminado de otra forma.
Buscar otro final, el que nos merecíamos.
- ¿Cómo andas tanto tiempo?
- Bárbaro, de hecho, mucho mejor. ¿Vos?
- Muy bien, por suerte.
Al parecer, los dos habíamos decidido exagerar y así demostrar, frívolamente, como la vida nos sonríe desde que estamos solos.
Hay personas que juegan a eso, a mentirse sobre lo que sienten, sobre sus verdades, lo que les pasa. No se permiten llorar, no se animan a decir lo triste que están y mucho menos, a asumir esa condición como un proceso normal en el aprendizaje natural.
Como es habitual, ella.
Está más nerviosa que yo. Por debajo de la mesa, sus piernas se ponían inquietas. Por arriba, se tensaba, hasta parecía angustiada mientras reía. Ustedes deben entender mejor. Existen momentos donde las ganas de llorar que tenemos se anuda en la garganta y por más que riamos, disfrutando de alguna situación, de algún chiste… un abrazo podría hacernos romper en llanto.
Mitad histérica (conciente plenamente de la situación), un cuarto destruida, otro cuarto hermosa, se pide un café. Se lo traen y lo endulza con tres sobres de azúcar.
Mitad triste (inconciente plenamente de la situación), un cuarto destruido, otro cuarto haciéndome el lindo, me pido un café. Me lo traen y repito la misma operación con el azúcar. No alcanza. La tensa amargura de los sueños truncos.
Le pongo cuatro años de amor, algunas vacaciones en el mar, dos o tres caricias y ahí sí, supongo que lo vivido es demasiado dulce como para sacarle una sonrisa a todo el barcito. El café cambia su sabor.
Hace un tiempo que nos habíamos perdido y perderse, es mucho más que dejar de estar juntos. Cuando un amor se va, los huecos vacíos son más amplios que los llenos, los segundos más lentos pero, al mismo tiempo, la eternidad se vuelve un poco más corta.
El problema, y probablemente la consecuencia más compleja del desamor, es que no solo se trata de perder a una pareja. En todo esto, también se va una parte importante de uno, de nuestra esencia.
Supongo que a todos nos pasa. Estar perdido no significa ‘estar en cualquiera’. Miles de personas viven, trabajan, estudian, ríen y, aunque no lo aparenten, están perdidos.
Quizás para comprenderlo tendríamos que volver a cuando éramos más chicos y nuestros papás se nos iban de la vista en el supermercado. Nos angustiábamos como si jamás volveríamos a verlos a pesar de saber que solo nos separaban algunas góndolas.
Nos perdíamos, a pesar de que todo seguía en el mismo lugar.
Desde que nos perdimos, estamos perdidos.
Y otra vez perder, otra vez.
Como es habitual, todo queda atrás.
Ella se baja del auto, todavía no camina para su casa, pero será cuestión de un rato.
Los dos pudimos curar algo, pero todavía sentimos dolor.
Nos extrañamos a pesar de estar juntos.
De todas formas, también sabemos que nada volverá a ser lo mismo. Las heridas no se cierran y para volver a disfrutarnos, debemos madurar varios de nuestros sentidos, infantiles, caprichosos.
01.15 La noche se duerme.
Entra a su casa y otra vez se fue.
Hace unos meses hubiéramos dormido juntos.
Como es habitual, las rutinas cambian algún día.
Es martes, la primavera tiene algo de verano. Tengo ganas de irme de vacaciones.
Sí, dentro de poco me voy. Es justo, para que ustedes descansen un poco.
¿De verdad?
Yo tampoco quiero perderte.
Como es habitual, el brillo en tus ojos sigue intacto.
Ojo… se te está por escapar una sonrisa. Igual, es lindo verte sonreír a esta hora.
Hace un par de martes que me estoy ingeniando algunos planes. Hagamos una cosa.
Los invito a un barcito en Avenida Libertador, el café es amargo pero con las cosas lindas que dicen… no hay cuestión que no se endulce.
Espero que nada cambie.
Como es habitual, tengo miedo a perderlos, otra vez.