Mostrando entradas con la etiqueta ilusos e ilusiones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ilusos e ilusiones. Mostrar todas las entradas

martes, 9 de noviembre de 2010

ilusos e ilusiones

Debe ser lo que más me dolió de todo lo que pasó.
Es una sensación aparte, indescriptible.

Cuando nos abandonan, le contamos sobre el final del amor a todos los que nos quieren, a los que nos preguntan percibiendo casi el mismo dolor. Hablamos sobre lo mal que nos sentimos, sobre lo que pasó, como fue, que nos dijo, que se olvidó de decir, que broncas tenemos, que cuentas quedaron pendientes. Pero hay algo que no decimos.
Debe ser porque es lo que más nos duele cuando pasa todo esto. Porque es una sensación aparte, indescriptible y que hoy, todavía, nos da vergüenza contar.
No tenemos miedo de decir que nos engañaron, no tenemos miedo de explicar que se fue y no va a volver, pero morimos de vergüenza cuando tenemos que contar lo desilusionados que estamos, porque en nuestra desilusión, están todos, los que creyeron en nuestros sueños, los que nos veían como una pareja inseparable, como el amor mismo, caminando, de la mano.
Que ilusos.
Ilusionarse es una sensación fantástica. Aquellos que saben bastante de la vida pero poco la viven, dicen que es un fenómeno que tendríamos que evitar. La hipótesis es lógica: Si no nos ilusionamos, jamás no desilusionaremos. Y así, todo nos va a causar menos dolor.
Ilusionarse es un período fantástico, y yo, que se poco de la vida pero que paso más tiempo despierto porque dormido no la valoro tanto, pienso que no se trata solo de un fenómeno y que debemos, con obligación, ilusionarnos lo más que podamos.
Ser bien ilusos.
Pero cuidado, desde ya están avisados de que van a sufrir, llorar y muchas veces hasta reír de bronca. No debemos tener miedo, de eso se trata vivir. Sentir cosas, que nos pinchen para hacernos dar cuenta de que respiramos y de que todavía no nos fuimos a ningún lado y que hay personas por las que vale la pena sonreír todas las mañanas, cuando el sol nos pega en la cama, después en la cara y decidimos sobre arrancar amargados o más contentos que ayer.
Felices, madrugadores e ilusos.
Pobre de aquel que no pueda ilusionarse con nada. Pobre de quienes ponen excusas para decir ‘no tengo con qué’.
Cuando el amor de tu vida te traiciona, te desilusionás, todo deja de ser casi perfecto y el enamoramiento, se quiebra, se rompe. Al mismo tiempo, no empiezan a ilusionar otras cosas. Por ejemplo, darnos cuenta de que no estamos solos, de que están los amigos, más lindos que nunca, más amigos que nunca. De que está la familia, más linda que nunca, más amiga que nunca. Y que hay otros sueños, trabajos, metas y quizás, otros corazones, ¿por qué no?
Entonces, no hay motivos para no ilusionarse.
Vivir de ilusiones puede que sea una de las formas de vida más peligrosas porque una ilusión es eso, una ilusión, un espejismo. ‘Ilusión’ se refiere a las expectativas que tenemos sobre algo (se dice que cuando algo nos motiva fervorosamente, estamos ilusionados), pero también existe la frase ‘pongo todas mis ilusiones en el, en ella’.
De esta forma comprobamos que las ilusiones tienen la cualidad de ser compartidas y hasta contagiables.
Bueno, ahora hablo por mí, que debo ser el más iluso de todos.
Pero me encanta vivir de esta forma.
Cuando me doy cuenta de que estoy compartiendo ilusiones con alguien, soy feliz. Cuando me doy cuenta de que estoy contagiando mis ilusiones a otra persona, me doy cuenta de que vivo.
Ya lo charlamos alguna vez por aquí. Si caminamos por la vida sin dejar huella, llegaremos al final y cuando miremos para atrás, todo estará igual que antes, habremos pasado por lugares y personas pero nadie se habrá dado cuenta de ello.
Creo que todos tenemos la ilusión de dejar algo en los demás y no somos capaces de darnos cuenta de que la mejor manera está al lado nuestro, en nuestra mesa, en nuestra rutina, que a pesar de ser aburrida y cansadora, cada tanto nos cruza con personajes que nos mueven el corazón, nos agitan la respiración, nos erizan la piel, nos hacen doler la panza y nos hablan de todo con una simpleza maravillosa.
Insisto.
Debe ser lo que más me dolió de todo lo que pasó.
Es una sensación aparte, indescriptible.

Y otra vez, la misma historia de siempre. Ella.
Me mató.
Era divina, perfecta, malhumorada, histérica pero divina, perfecta.
Cada mañana me ilusionaba planificando la vida a su lado.
Cada tarde me ilusionaba con un posible beso de ‘buenas noches’.
Y cada noche me ilusionaba con la certeza de que despertaría a su lado.
Insisto.
Me mató.
Un día, una mañana, me desilusionó como nunca… y como vivo de ilusiones, dejé de vivir.
Sabía que era peligroso, pero nunca tuve miedo.
Ahora me ilusiona saber que me siento mejor y que tal vez mañana, ya habré aprendido la lección.

Supongo que a ustedes también les pasa.
No me lo cuentan porque deben tener vergüenza, es normal.
Ya lo van a largar, ilusos… se piensan que no sé que todos lo sentimos alguna vez…

¡No sonrías!
De verdad, es más normal de lo que parece.

A todos nos duelen las desilusiones…
Pero no debemos tener miedo, porque toda desilusión está antecedida por una ilusión, y cuanto más grande es la frustración que sentimos es porque más grandes fueron nuestros sueños. Si soñar en grande, no es vivir… por favor cuentenme que es. Perdón que no entienda, soy el más el iluso de todos.

En fin, hasta el martes, hermosa semana y en estos días, me cuentan sus ilusiones. Si para el próximo ‘pensamiento’ todavía no se frustraron, quiere decir que están soñando de lo lindo y yo, así, voy a ser un poquito más feliz.